domingo, 17 de mayo de 2015

Intermezzo - De cadenas y jade

No basta con ser bueno. No basta con ser discreto. Además, Nogol era inteligente, sabía cuando callar, y cuando darse cuenta que su material de trabajo ya no era una persona sino una cosa.
Oh, los días que había pasado saliendo aullante, a boqueadas, a brazadas rotas y desesperadas de las ciénagas de sus pesadillas, cuando era un aprendiz.
Afortunadamente, esos días oscuros quedaron atrás, unos años después de haber terminado su entrenamiento, y afortunadamente antes de casarse.
Si bien no tenía secretos con su mujer, ahorrarle algunos cuantos detalles de su trabajo constituían uno de los secretos de una familia próspera, feliz, y tranquila.
No amaba lo que hacía. Esperaba que ninguno de sus hijos siguiese sus pasos. Pero era bueno, le daba un buen pasar a los suyos, y era algo que siempre iba a ser necesario, sin importar quien gobierne, cómo vayan las cosechas o los caprichos de los dioses.
Miró el cuerpo moteado de blanco y negro, se decidió por tratar de hacerlo lo más rápido posible (iba a tomarse esa libertad. Que le dijesen que tenía que dejar todo como quedase luego de averiguar lo que necesitaba ya lo molestaba. No iba a causar sufrimiento innecesario), suspiró, y, mientras comenzaba a recitar un viejo, el único, poema que sabía para ignorar los gritos, comenzó a trabajar.

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